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Los Días de Muertos en Yucatán
(Hanal Pixán)
Con toda su ausencia y su
misterio, sembrando
sorpresas, miedo, tristeza o resignación, la muerte llega en cualquier
momento. Pero no en cualquier momento se celebra.
¿Celebrar a los muertos? ¿Celebrar la
muerte? Nada más natural
en Yucatán que celebrar la muerte. Nadie teme ni se asusta. A casi todos nos
han enseñado nuestros padres y abuelos a ejercitar el arte de respetar y
recordar a todos los que se nos adelantaron en el viaje al más allá.
El Hanal Pixán, la ceremonia maya de los
muertos, es la conmemoración más importante de los difuntos. Los yucatecos y
sus familias se organizan para recordar a todos sus antepasados que duermen
el sueño eterno. La misma celebración del Hanal Pixán involucra a todos:
parientes, el hogar, el cementerio, la iglesia parroquial. A todos los
fallecidos se les limpia y prepara el camino, se les arregla la casa, se
sacuden sus objetos personales, se busca el mejor retrato, se compran la "botellita"
y los cigarros, y desde luego, se preparan las viandas.
En los días del Hanal Pixán, se
entremezclan el culto católico con antiguas costumbres indígenas. Y cuando
concluyen estos días de festejos, los difuntos, ya satisfechos, nos dejan
con la promesa de regresar el año próximo.
Vivos y muertos conservamos una relación
de fraternidad que vamos renovando cada año. Así siempre.
El Hanal Pixán, es una verdadera fiesta
dedicada a nuestros muertos, una oportunidad para compartir el pan con
ellos, una fiesta familiar que une a las familias enteras, en la que sale a
relucir la colaboración, la generosidad, el trabajo en común y la
religiosidad de los yucatecos.
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